En la plaza, una pareja cenaba en uno de los restaurantes más caros que se podían encontrar en aquella ciudad.-Reservé una mesa- dijo el chico antes de entrar.
-¿Aquí? ¡Pero si es carísimo!- repuso ella.
-Sí, te voy a pagar la cena con mis ahorros-
La chica quedó maravillada ante tan caballerosa actitud por parte de su chico. Ya llevaban más de tres años juntos y él, quería pedirle matrimonio y estaba decidido a hacerlo antes del postre.
Cenaron poco, más bien porque no había apetito que por el precio del menú para dos del restaurante.
Cuando la chica pidió el postre, fresas con nata, él sacó la cajita que aquella mañana le compró en la joyería del centro. Al decírselo, ella le miró indecisa.
-No creo que aún esté preparada para estar casada- dijo finalmente.
El chico, fingió que no le importaba, para quedar bien, pero sentía una rábia y un fracaso encima que, justo al terminarse el postre, se marcharon cada uno a su casa. ¿Qué haría ahora, que su chica no quería casarse con él? Tenía que pensar algo que la hiciera cambiar de opinion, ¡pero no sabía cómo!. ¿Y si no lo quería lo suficiente para dar paso al matrimonio? ¿Y si simplemente era por tener alguien de quién aprovecharse? ¿Y si...?
Todas esas preguntas llegaban a la cabeza del chico a medida que llegaba a su casa, con un coche viejo, de un color rojo desgastado y que hacía un fuerte estruendo al frenar. "¡Me estoy volviendo loco, me estoy volviendo loco!", pensó. No podía ser, todo había sido una pesadilla, desearía no haber asistido a aquella cena, pero no podía dar marcha atrás. La noche la pasó fatal, con muchas pesadillas y sofocos, además del insomnio.
Extrañamente, por la mañana se despertó como si no hubiese pasado nada, como si no lo recordara. La chia, que fue a visitarlo, lo encontró muy raro, aunque él le decía que se quedara, que estaba bien. El chico se fue a la cocina y preparó algo para picar, puso una copa de brandy, y cogió dos cuchillos. La muchacha, que cuando lo vio llegar se asustó, ya que nada más iba con una sola copa de brandy y dos cuchillos, ¿dos cuchillos?, la chica no reaccionó, y para cuando lo hizo, fue demasiado tarde. Él estaba poseido, como una sombra que se cierne sobre los débiles que no quieren seguir el camino, le clavó uno de los cuchillos en el abdomen y otro en la clavícula, fue haciendo múltiples cortes que la desangraron y murió.
El chaval, limpió el cuerpo de sangre, cosió los cortes y la guardó en el armario de la habitación. Volvió al comedor, más tranquilo que nadie y llamaron a la puerta, él fue a abrir.
-¿Sí?- dijo con una sonrisa.
-Verá, estamos asustados, hemos oído gritos por aquí cerca. ¿Ha ocurrido algo?- preguntó la vecina.
-¡No, no en absoluto!- dijo, contento el chico.
-¿De verdad?- preguntó la madre de la vecina.
-Deben haberse equivocado, pueden pasar, si lo desean- ofreció.
-No, ya le creemos- añadió la vecina.
Se marcharon y volvió al salón. Ya sabía qué uso le daría al cuerpo de su chica, lo usaría como nunca lo hizo, bailaría con ella, pasaría horas y horas a su lado, aunque no hablara, ni viera, ni pudiera sentir... El muchacho no salía de casa nada más que para las necesidades de ir a comprar, tender la ropa o cualquiera que se le parezca.
La primera noche que durmió con el cuerpo de la chica, volvió a tener esas horribles pesadillas, de cuando ella le rechazó, la noche antes de ser asesinada. Todas las imágenes de todos los momentos que habían pasado juntos se le aparecieron en la mente, tanto dolor y sufrimiento la noche del restaurante, tanta locura los días siguientes..."¡Basta!", gritaba, pero la voz no le salía, nadie le escuchaba.
De pronto se levantó, miró a los lados, pero el cuerpo ya no estaba ahí. "¡Son imaginaciones mías, estoy loco!", se decía una y otra vez, pero era inútil, mientras se reprimía en la pequeña habitación, el cuerpo apareció, la chica tenía los ojos amarillos, y llevaba los dos cuchillos en la mano, en menos de un minuto, ya estaba encima del chico, apuñalándolo hasta matarlo.
Ahora los dos yacen muertos, enterrados en el cementerio del pueblo, aquellos más sabios dicen, que salen tres noches al año, la noche del restaurante, la noche en que ella murió y la noche en que él murió. En esas tres noches, se cuenta, que van de casa en casa, matando a placer.
¡Cuidado, llaman a la puerta!
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